Un
viaje a la zona vitivinícola por excelencia de Francia,
provoca en el viajero reflexiones de diversas características,
en un entorno donde se mezclan leyenda, historia y realidad
de un mundo moderno y competitivo.
Escribe
desde París Ricardo
E. Brizuela, Director de Diario del Vino

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Para
quienes de alguna manera estamos relacionados con la producción
del vino, Aquitania suena a algo así como la promesa
de un paraíso para epicúreos.
Conocer
sin embargo el Médoc en Aquitania, en algunos detalles,
puede deparar mas de una sorpresa y acercarnos a una región
y su gente que no difiere mucho de cualquier otra en el
mundo vitivinícola; pero a la que rodea un halo casi
místico que atraviesa siglos.
De
todas maneras, más allá del vino y sus verdes
y ondulantes paños de variedades de uva, que ahora,
en la insinuación del verano europeo ya encuentran
a los viñedos poblados de brote, la zona del Médoc
tienen el encanto de viejas historias, de sueños
de caballeros trans-humantes, de sombras de lánguidas
princesas intuidas tras las paredes de castillos opulentos
y visiones de silenciosos caminantes de viejas rutas de
piedra o de sudorosos campesinos trajinando bordalesas en
sombríos subterráneos .
Porque
el Medoc – en rigor toda Aquitania - es todo eso:
herencia de la historia medieval, testimonio de una cultura
de intercambio que precedió a la hoy arrolladora
Unión Europea y vivencias prácticas de una
inserción privilegiada en el mundo globalizado del
vino.
Tierra
en medio del agua

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Aunque
no del todo exacto, éste es un territorio que se
sostiene fue definido como “en medio del agua”
por los romanos por lo que de alli provendría su
nombre: Médoc.
Constituye
un área que representa un triángulo isóceles
que tiene su lado oeste bañado por el Océano
Atlántico y el este por el estuario del rio Gironde
(concluye en Bordeaux). En el vértice superior se
encuentra el Faro de Cordouan (Cordobés), justo a
la salida del estuario. Ciertamente se trata de una península.
Respecto al territorio francés, ocupa la región
sudoeste.
Cepajes
A
lo largo de la historia vitivinícola del Médoc,
sus vitivinicultores fueron experimentando con distintos
cepajes. Entre las variedades primitivas pueden citarse
al Syrah y al Grand Verdot, pero paulatinamente el ámbito
húmedo, propio de su ubicación entre agua,
hizo que se asentara definitivamente como variedad emblemática
el Cabernet Sauvignon. También para el Merlot y el
Petit Verdot el terroir es propicio.
La utilización mayoritaria de estas tres variedades
le da al Médoc la paternidad sobre unos vinos redondos,
elegantes y coloreados. En forma minoritaria también
se cultiva Malbec y Carménére.
El
Cabernet Sauvignon y el Petit Verdot tienen características
de sumamente resistentes al calor, por lo que ambas variedades
son una garantía para sobrellevar posibles consecuencias
del cambio climático en la región.
La arquitectura del Medoc

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Hay
en el Médoc una increíble variedad de estilos
arquitectónicos y de jardines. El neoclasisismo se
manifiesta en hermosas residencias del siglo XVIII que se
puede observar en toda la campiña, interrumpiendo
el verde de los viñedos con sus estructuras particulares
de lujosa apariencia, de piedra, bajas y extensas y gran
sobriedad. En Saint Julien, Ludon ó Saint-Yzans se
encuentran muchos ejemplos de estas bellas construcciones
Sin
embargo en el siglo XIX se multiplicaron los estilos, transformando
la península en un museo de diferentes concepciones
y junto a una nueva edad de oro del vino francés,
los opulentos propietarios se dieron a la tarea de ordenar
construir residencias de múltiples estilos.
Todos
ellos o casi todos están representados: neoclasicismo,
isabelinos, renacimiento, neo-gótico, etc. La influencia
oriental se hace sentir también con bonitos alcázar
o pagodas, de pórticos iónicos, de bodegas
concebidas como palacios de las mil y una noches, algunas
también de apariencias indias o chinas. Estas perlas
de la arquitectura contienen a veces tesoros inestimables.
En Pauillac, Saint-Estèphe y Arsac por ejemplo, algunos
propietarios indican su gusto por el arte contemporáneo
e invitan a los aficionados a visitar sus colecciones de
objetos raros, anidados en una parte del castillo o desparramadas
en los viñedos. Los jardines de estas residencias
tienen también una pluralidad de orígenes.
El Parque de Majolan en Blanquefort posee lagos, grutas
e islas propicias para un paseo romántico. En Macau,
un castillo del siglo XVI, mantiene una antigua leyenda
que cuenta de una bestia que se alimentaba de jóvenes
vírgenes. Otros parques de estilo francés
o inglés, con particularidades como zanjas misteriosas
o canteros en laberintos conservan un dejo de leyenda que
les imprime una atmósfera muy particular.
Un
dato interesante: en la región existen canteras de
piedras calcáreas. Muchos chateaux se asentaron sobre
ellas y aprovecharon este material para la construcción,
existiendo amplias bodegas en el subsuelo talladas en la
piedra misma. Penetrar en estos ámbitos tiene también
un encanto particular. Allí algunas propiedades conservan
todavía sus vinos en una atmósfera natural,
de una temperatura y humedad excelentes. Estas mismas piedras
sirvieron para la construcción de pueblitos o grupos
de casas vecinas o como en un caso excepcional, se transportaron
por el estuario para construir Bordeaux.
El
negocio del enoturismo

Ruta de los Chateaux - Ampliar |
La
fama de la región en particular, y de Francia toda,
hace que sean millones los visitantes que se solazan con
el paisaje y lo que ofrecen los diferentes chateaux que
están abiertos a la curiosidad de los turistas.
Cada establecimiento cuenta con personal que reseña
la historia y las bondades de los productos vitícolas
que allí se elaboran. Muchos de éstos son
miembros de las familias propietarias de esos establecimientos
y repiten incansablemente una historia de varias generaciones.
Tal vez un sola sea la deuda con el visitante: el idioma
español es escasamente utilizado y cualquier explicación
son desarrolladas mayoritariamente en francés e inglés.
Las
120.000 hectáreas de viñedos de la región
cuentan con cinco carreteras que se constituyen en rutas
del vino. La Carretera de los Chateaux que cruza el Médoc
es incuestionablemente una de la más bonita. Agrupa
algunas de las vendimias más prestigiosas de vinos
rojos y a cada vera pueden observarse los chateau de los
más diversos estilos. Algunos establecimientos tienen
sus propios restaurantes y ciertos lugares son construcciones
“ad hoc” para brindar estos servicios al visitante.
Francia
fomenta el enoturismo y en cualquier lugar se pueden encontrar
gentiles informantes de la Oficina de Turismo francesa.
El país tiene mucho que mostrar relacionado con la
vitivinicultura y una buena forma de empezar es visitando
el Medoc.
Créditos
de las fotografías: Material proporcionado al autor
por Pays Medoc
Mayo
13 de 2008